Nuestra historia
Repaso histórico
La Parroquia Nuestra Señora de la Aurora y Santo Ángel hunde sus raíces en la transformación urbana y social del distrito de Puente de Vallecas a mediados del siglo XX. En una época de intensa llegada de familias migrantes procedentes de diversas regiones de España en busca de trabajo en la capital, la presencia de la Iglesia en el barrio de San Diego se hizo imprescindible para ofrecer respuesta tanto a las necesidades espirituales como a las urgentes carencias materiales de un entorno obrero en crecimiento. En este contexto, la atención pastoral fue encomendada a los Misioneros Claretianos, cuyo carisma popular, cercano y volcado en las periferias marcó desde el primer momento la identidad de la comunidad.
Durante los años 70 y 80, la historia de la parroquia estuvo inevitablemente unida a las complejas realidades del barrio. En una etapa especialmente difícil marcada por el impacto de la reconversión industrial y la plaga de la drogadicción que afectó duramente a la juventud vallecana, el templo se convirtió en un refugio de acogida y lucha social. Desde la parroquia se promovieron escuelas populares, guarderías, comedores y plataformas de apoyo a las familias, consolidando un modelo de fe muy comprometido con la dignidad humana, la justicia social y el trabajo codo a codo con las asociaciones de vecinos.
La configuración que conocemos hoy en día es fruto de la integración de dos comunidades que caminaron juntas durante décadas: la Parroquia del Santo Ángel de la Guarda y la Parroquia de Nuestra Señora de la Aurora. Debido al deterioro y a los problemas estructurales que sufría el antiguo templo del Santo Ángel, se proyectó la construcción de un nuevo complejo parroquial unificado en la calle Gregorio Sanz. Tras años de esfuerzo compartido y colaboración entre los vecinos y la diócesis, la nueva iglesia y su centro pastoral fueron inaugurados en abril de 2005, unificando oficialmente ambas devociones bajo un mismo techo.
En la actualidad, la parroquia sigue manteniendo viva su esencia misionera claretiana y su fuerte arraigo en el tejido asociativo de Vallecas. Como reflejo del cambio demográfico de las últimas décadas, el centro se ha convertido en un espacio multicultural de integración para la comunidad hispanoamericana y de otros orígenes que conviven en el barrio. Además, continúa siendo un motor de vida comunitaria gracias a su intensa labor asistencial a través de Cáritas y a la dinamización de la infancia y la juventud mediante grupos como el Centro Juvenil Aurokas, transmitiendo la fe desde la cercanía, el servicio y el trabajo de calle.

Algunas de nuestras apariciones en medios
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